EL APRENDIZAJE COMO CAMBIO ESTABLE
EN LA CONDUCTA.
Las escuelas que estudian el aprendizaje son de gran
importancia, ya que son modelos teóricos que han contribuido significativamente
en la evolución e interpretación de los cambios que se dan en el diseño
instruccional y por ende dentro de la planificación de la acción educativa.
Pues cada teoría enfoca de manera diferente el concepto de aprendizaje dentro
del proceso, por lo que resulta complejo hacer evaluación comparativa para
señalar cual presenta mejor adecuación. Sin embargo, hay que hacer la salvedad
de que cada teoría de aprendizaje se utiliza dependiendo de la situación del
que aprende.
En esta oportunidad se describirá el conductismo, escuela
psicológica que se remonta desde hace siglos y que considera que lo fundamental
es la conducta y no la mente; Entre sus seguidores más destacados están:
Watson, Pavlov y Skiner, personas claves en el desarrollo de esta teoría.
Para el conductismo, el estudio descriptivo de la
conducta y sus determinantes se pueden estudiar solo de manera objetiva, en
términos observables y operacionalizables. Así mismo, dentro de esta teoría se
encuentra el esquema estimulo-respuesta (conductismo operante), donde esta
relación (E-R) no es más que la operacionalización de una relación entre un objetivo
activo y un sujeto pasivo donde la producción de una respuesta o acción del
sujeto que aprende, dependerá del impacto que el objeto (lo que se enseña)
ejerza sobre aquel, de manera tal, que se produzca el resultado esperado.
El aprendizaje para el conductismo, es un proceso
reproductivo de conductas observables, es decir, cuando se demuestra un
respuesta apropiada ante la presentación de un estimulo ambiental especifico.
La efectividad de ese aprendizaje consiste en lograr la correcta asociación entre estimulo y
respuesta, como esta se refuerza y se mantiene; Sin interesarle como se
estructura el conocimiento en el estudiante, ni como se determina los procesos
mentales que el estudiante necesita utilizar. Se concibe entonces al
estudiante, como un sujeto receptivo de la acción de enseñanza, restringido en
su actividad por las condiciones que impone el docente desde afuera. Por ello,
su participación se reduce a los comportamientos esperados como respuestas
apropiadas en programas rígidamente elaborados.
De esta manera, el docente es un programador de
situaciones de aprendizaje donde estén presentes los estímulos adecuados y las
formas de reforzamientos necesarias para enseñar, donde su única misión es
presentar modelos conductuales a los estudiantes como estimulo al desarrollo de
los aprendizajes deseados.
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